19.11.07

Times are hard for dreamers

Me llaman la atención aquellas personas que pueden esperar por horas un autobús, pues por lo general yo me desespero y comienzo a caminar -soy muy hiperactivo-, pero hablaba de ellos, y les decía, así como soy yo de observar al mundo, me pregunté: ¿Qué los motiva a esperar? de pie, a veces sin que el maldito autobús se detenga, o no pasa; otras lloviendo, o con el sol ardiente, con tanta gente que de antemano saben que no van a caber, pero están allí, esperando, mientras el aire mueve sus cabellos.

Unos con la mirada perdida mientras que, otros, especialmente atentos en alguna prenda que llamó su atención, en alguien que les pareció atractivo o, tal vez, un rostro que revive su memoria, me gustar
ía saberlo. Veo rostros soñadores, rostros cansados, alegres, apáticos, esperanzados. Veo una mujer con avanzado estado de gravidez y, sin embargo, inmutable como un árbol. Como si tuviera la obligación, consecuencia de su primogénito, de demostrar su fuerza.
Un hombre, que delata su paciencia desde el anudado de sus ahujetas, ve fijamente a un par de niños de la calle, que no dejan de reir y jugar pese a su condición, los muy inocentes todavía no saben de clases sociales, o si acaso les vale. Al tiempo, otro hombre, le calculo unos 50, mentándosela al camionero que no se detuvo con tal algarabía que sirve de pretexto a una parejita de enamorados para sonreir, viéndose el uno al otro, y darse un beso.

Una anciana llegó cargando unos carteles de la resistencia civil de López Obrador, y ayudada por un joven con muy bonitos ojos azules.. qué par de manifestantes más tiernos! una abuela y su nieto con una misma causa política -y dicen que los jóvenes no tenemos intereses sociales-.

Por fin pasó el camión, o mejor dicho se detuvo al fin, y todos los pasajeros abordaron, y la estación quedo vacía, llena otra vez con los rayos del sol de las cuatro. ¿Qué los mantuvo a esperar tanto tiempo? Tal vez nada más que soñar, y disfrutar lo surrealista de nuestro país, nunca lo sabré.
Le dí un trago a mi té, sentí una mano sobre mi hombro y al voltear descubrí a Renata que, sonriente, me dió un beso en la nariz. Gracias por estar ahí.

2 comentarios:

Arturo Manuel dijo...

Lo ke me mantuvo tanto tiempo esperando fue el saber ke lo hacia para marchar para después poder volver. En la markesina del autobús, en el banko del parke, o en la puerta de su kasa.

Shadow dijo...

Muchas veces cuando me toca esperar el colectivo ideo y me cuento pequñas historias de la gente al rededor... pendejeo tanto que luego se me olvida el porque estoy alli..raro pero asì sucede cuando pasa hahaha